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Retropost - Historias Urbanas I "Los Zapatos Rojos"


¿Como podré cambiar mi rumbo hacia el destino que quiero?...

Esa era la pregunta que rondaba en la mente de Andrés. Hasta el día en que se hizo esa pregunta, nunca se había dado cuenta que lentamente había metido su vida en un saco y lo había lanzado a un rio. ¿Como un ser humano había podido sobrevivir con tan pocos afectos? La respuesta estaba en su actitud, desafiante, arrogante y altanera. Su vida la llenó de éxitos pero no de amor, y sus miedos los disfrazó de arrogancia y de trajes caros.

Dios lo dotó de inteligencia y también de un gran corazón. Pero como suele pasar, los grandes corazones muy frágiles son. Creo que alguien por ahí dijo que nada daña mas a un espíritu puro y nubla una gran inteligencia, que un corazón roto y en estado de descomposición (si no lo había dicho nadie, lo estoy diciendo yo).

Andrés odiaba los deportes, pero extrañamente siempre pasaba por esa tienda plagada de pelotas, camisetas, raquetas, patines, pesas y zapatos deportivos. El nunca veía nada de lo que estaba en la vitrina, solo se dedicaba a observar a uno de los muchachos que trabajaba en esa tienda; un muchacho de negros cabellos, ojos hermosos y sonrisa brillante. Su nombre era Daniel (aunque Andrés aun no lo sabía).

"¿Para qué voy a entrar a la tienda si ni siquiera me gustan los deportes? De seguro a ese chamo solo le gusta hablar de mujeres, beber cerveza y tocarse las bolas mientras ve los partidos Caracas - Magallanes (ummm tocarse las bolas, no suena tan mal¡¡¡)..." - Era todo en lo que podía pensar (y desvariar) Andrés mientras suspiraba afuera de la tienda.

Un buen día; de regreso del trabajo, Andrés decidió pasar primero por la librería. ¡¡Al fin había podido conseguir el libro que tanto había buscado: "El Silmarilion"!!. Lo compró y rápidamente siguió su camino, no sin antes hacer su recorrido habitual hacia la tienda de deportes. Se paró como siempre frente a la vitrina, tratando de aparentar que veía unos guantes de beisbol (deporte que odiaba). Había sido un día difícil y solo quería observar una vez más a aquel ángel con quién soñaba antes de dormir. Extrañamente ese día, Daniel no estaba dentro de la tienda. "¿Donde estará? ¿Lo habrán despedido? ¿Se habrá ido? ¡¡oh no, quizás se enfermó!!" - se decía así mismo con desesperación.

En un momento, todo aquello que lo rodeaba quedó en silencio y una voz detrás de él espetó: ¿te puedo ayudar en algo?... La mano izquierda de Andrés apretó con fuerza el aza del maletín y con la derecha el libro que acababa de comprar. Su corazón empezó a latir con fuerza, y durante un par de eternos segundos no se atrevió a hablar y mucho menos a voltear. Normalmente su respuesta hubiese sido: "hasta que me interrumpiste, estaba decidiendo que comprar", pero no pudo emitir sonido. Aquella dulce voz que venía de atrás de su cabeza era la de Daniel...

- "¿Te gustan verdad?"

- "¿Me gustan qué?" .- respondió Andrés sin voltear.

-"Los tenis rojos, a mi me fascinan"

- "Esteee, ah si, los tenis, si me gustan muchísimo" .-dijo Andrés mientras sentía como las manos le sudaban a cantaros.

- "Si quieres te busco unos de tu talla y te los pruebas, así vez como te quedan. ¿Qué talla eres?

- "Esteee... 42 ó 9.5 talla americana..."

- "¡¡Bueno, sígueme y toma asiento mientras te los busco!!"

Casi sin fuerzas en sus piernas, Andrés lo siguió a la tienda. Aun le sudaban las manos, y si no hubiera sido por la bolsa, el libro que llevaba en sus manos se habría desecho. Vio como Daniel desapareció por una pequeña puerta que imaginó daba al depósito. Su corazón seguía desbocado. Se preguntaba "¿Qué coño estoy haciendo aquí? ¿Y si aprovecho que no está y me voy? ¿No seas cobarde Andrés, tú no te la crees un valiente gruñón? ¿Cómo que si me voy?..."

"¡¡Ya regresé!!" .- dijo Daniel como si hubiera estado escuchando sus pensamientos. "No había 9.5 pero te traje unos 9 a ver si te quedan."

"¡¡Claro!!, déjame probármelos"

Los segundos en que Andrés tardó en desatarse los zapatos le parecieron eternos. Casi no podía hacerlo, las manos le temblaban demasiado. Pobre, él nunca había estado en una situación como esa. El era del tipo solitario, con muy pocos amigos. Había conseguido en su aislamiento la fórmula mágica para ocultar de la gente sus complejos, su nerviosismo y sus miedos.

"¡¡Déjame ayudarte!!" .- dijo Daniel mientras se agachaba frente a los zapatos y empezaba a trenzarlos lentamente. Andrés no podía disimular su cara de asombro, era como si estuviera viendo a un Ángel hincado a sus pies. Detalló los negrísimos cabellos de Daniel, el contorno de su cara, la pequeña cicatriz junto a su ceja derecha, el dulce color miel de sus ojos, su nariz, lo provocativo de sus labios, su aroma... Era la primera vez que lo veía tan cerca y directamente al rostro.

Por primera vez desde hacía mucho tiempo se sintió como un niño; uno al cual su ángel de la guarda le ataba los cordones de los zapatos.

- "¿Que?".- dijo Andrés.

- "Que a mí me encantan también los libros de J.R Tolkien. El Señor de los Anillos me encantó. No solo las películas. Me gustaron muchísimo más los libros, tienen tantos detalles que no pueden ser plasmados en una película. ¿Donde conseguiste el Silmarilión?..."

- Andrés todavía sorprendido, tardó unos segundos en responder: "Lo conseguí aquí en la librería de la esquina, pero creo que era el último."

Daniel hizo una mueca de decepción con la boca. La mueca fue tan tierna que Andrés al verlo se sonrío porque le provocó besarlo.

- "Pero tranquilo, que seguramente pronto llega a la librería"

- "Voy a estar pendiente, me muero por leer La historia de los Silmarils y la parte de los Anillos de poder y la Tercera Edad..." "¡¡Listo!!, a ver como sientes los zapatos..."

- "Los siento más o menos..." .- La verdad, es que estaban un poco apretados, pero se sentía tan bien estando junto a Daniel que no quería decir nada.

- "A ver... No vale, yo creo que te quedan muy chicos, mira no tienes espacio entre la punta del zapato y los dedos. Que malo. Pero la buena noticia es que para la semana que viene me llegan los de tu talla. Si prometes pasar por aquí te guardo un par. Mira que se acaban rápido."

- "Prometido. La semana que viene paso por aquí. A propósito, mi nombre es Andrés, mucho gusto."

- "¡¡Y el mío es Daniel!!, un placer conocerte. Ya sabes, pregunta por mí la semana que viene y te atiendo con gusto. No te vallas a olvidar de mi nombre..."

- "Tranquilo, no lo olvidaré...".- dijo Andrés mientras se terminaba de poner sus zapatos para irse. Tomó su maletín y salió lentamente, no sin antes decir: "!!Hasta la semana que viene entonces...¡¡"

Ese día Daniel volvió lentamente al depósito con los zapatos rojos y los acomodó; con una hermosa sonrisa en la cara, al lado de un par talla 9.5 que quedaba en el depósito...

A su vez; y desde hacía mucho tiempo, Andrés volvía a su casa sin cansancio habitual y con una gran sonrisa..., mientras en la silla color azul de una tienda deportiva yacía un libro nuevo en su bolsa y los restos un saco roto y mojado, pero ahora vacío...

2 comentarios:

  1. La literatura. Siempre he dicho que es el cupido perfecto, por eso me la paso leyendo, pero lamentablemente no esta funcionando conmigo jejeje.

    Saludos

    Teo.

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