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Retropost X - Deja de correr


"Deja de correr, si no te detienes, entonces ¿como podré alcanzarte...?" Fue l o último que escucho Santiago antes de despertarse en la mañana. Se había quedado dormido, porque como era habitual, había salido la noche anterior de farra con sus amigos. Esa mañana debía llegar temprano al trabajo porque le día anterior su jefe le había dicho que debería recibir y entrenar a su nuevo compañero de trabajo, el cual ingresaba ese día.

Una afeitada, una rápida ducha, su traje nuevo y ya estaba listo para irse, pero no sin antes beber un rápido sorbo de café. Al llegar a su trabajo observó que el la recepción esperaba un chico. Tenía las manos juntas y los dedos entrecruzados, mirando fijamente el suelo. Se veía tímido y abstraído en sus propios pensamientos.

-. ¡Buenos días!- dijo Santiago. ¿Tú eres David? Yo soy Santiago, uno de tus nuevos compañeros de trabajo.
.- Buenos días, un placer conocerte... -con un hilo de voz respondió David.

Ven por aquí, y tranquilo que aquí no nos comemos a la gente, por lo menos antes del primer mes... ...después nos lo comemos con una Pepsi de 2 litros y unas papas fritas tamaño regular... Por primera vez las locuras de Santiago habían generado una amplia sonrisa en David, sonrisa que marcaría el inicio de la más hermosa amistad.

Y así transcurrieron los meses y Santiago y David se hacían cada vez más y más amigos aun cuando la personalidad de David era diametralmente opuesta a la de Santiago. David era tímido y reservado, le gustaba leer y la poesía. Amaba ir al cine, le gustaba todo tipo de películas. No sabía bailar y someramente había besado (mal) a lo sumo un par de veces en su vida. Le encantaba sentarse frente al apacible mar para desahogar sus tristezas.

Santiago era carismático. Siempre de fiesta en fiesta. Disfrutaba acompañar a David al cine, pero inmediatamente después de dejarlo en su casa se las arreglaba para irse de fiesta. Le encantaba bailar y todo tipo de música. Le gustaba estar rodeado siempre de gente, de luces de alegría. Le encantaba el mar, pero para ir a asolease. No tenía ninguna relación estable y lo peor de todo, jamás había encontrado el amor. También escondía lo que el consideraba su más grande secreto: era Gay.

Santiago admiraba profundamente a David. Siempre pensaba: David es un chico excepcional, ojalá que la mujer que conquiste su corazón se de cuenta del tesoro que tiene... David Se convirtió en el hombro en que Santiago desahogaba sus penas. El siempre sabía como escucharlo y consolarlo y darle ánimos, aun cuando Santiago no le daba detalles de sus relaciones rotas y vacías. Pero David siempre se las arreglaba para hacerlo sentir mejor. Pero Santiago siempre terminaba ahogando sus penas en el mismo lugar: una discoteca.

Un día Santiago llamó a David, ya muy tarde en la noche. Que te pasa Santiago, ¿que tienes?, ¿por qué estás así? Santiago, entre lágrimas ahogadas no supo darle muchas explicaciones. Simplemente le preguntó si podía ir a su casa, porque se sentía muy mal. Rápidamente David resolvió el problema que conllevaba conseguir un taxi a la 1 de la mañana y llego al apartamento de Santiago. Solo toco el timbre una vez y Santiago ya estaba en el umbral de la puerta.

Después de indagar un rato David no encontraba la forma en que Santiago le dijera que le pasaba. Hasta que un par de lágrimas se le escaparon a los ojos de Santiago y con voz entrecortada le dijo: ya no puedo más, debo contárselo a alguien... En ese momento empezó a contarle la historia de su vida, sus amores, sus decepciones, lo vacío que se sentía. David lo observaba fijamente, inmutable, con los ojos cristalinos...

.- ¿No me vas a decir nada? - replicó Santiago. Ya se, te parezco un monstruo, pero esta es mi vida y no necesito que ningún imbésil me diga como tengo que vivirla, fue un error llamarte, no eres mas que otr...

.- ¿Por qué crees que hago todas las cosas que hago por ti? - interrumpió David con un tono severo. ¿Por qué crees que siempre escucho tus problemas, te animo y te ayudo a resolverlos? ¿Por qué crees que te cubro en el trabajo cuando por tus noches de farra llegas tarde? ¿Por qué creer que te he cuidado las veces en que te has emborrachado con tus amigos de fiesta? ¿Por que crees que soy el primero en llamarte en tus cumpleaños? ¿Por qué crees que siempre atino con tus regalos? ¿Por qué crees que fui el único que te cuido y acompañó aquella vez que te enfermaste tanto?...

...¿Por qué crees que siempre sonrió cuando estás conmigo? ¿Cual crees que es el motivo de mi tristezas...?

¿Por qué, aun cuando lo intento con todas mis fuerzas, y haga lo que haga nunca puedo alcanzarte? ¿De qué tienes miedo, porqué corres tanto?...

... No ves quelo que siento por ti pedazo de idiota.

Santiago no podía creer lo que oía. Las lágrimas vencieron a David, el cual ya estaba de pie al lado de la puerta. Deja de correr, si no te detienes, entonces ¿como podré alcanzarte...? - fue lo último que dijo David antes de salir por la puerta rumbo a la calle...

Camino y lloró por horas ya con las primeras luces del amanecer despuntado por el este...

Unas cuantos metros antes de llegar al el Edificio en donde vivía vio a lo lejos a un chico sentado en las escaleras. Miraba directamente el suelo y tenía las manos juntas y los dedos entrecruzados. Era Santiago. Parado frente a frente se miraron fijamente a los ojos. La mirada de Santiago era diferente, cristalina. Tomó a David por la nuca y le dio un tierno beso en la boca.

.- Tenía miedo de encontrarte y perderte. - le susurró Santiago al oído. Tenía miedo de no encontrarte o que no existieras. Andando rápido en la vida lo que pretendía en encontrarte o dejarte atrás. Hoy comprendí que para tenerte tengo que parar...

Grandes lágrimas corrían por las mejillas de David, el cual como si fuera la última vez de su vida, lo abrazó hasta que sintió los latidos del corazón de Santiago en su pecho.

Entraron en el edificio cuando ya terminaba de amanecer... Ya como es hora de comerte con mis 2 litros de Pepsicola y mis papas regulares, pero primero te tengo que enseñar a besar... -fue lo último que se escucho antes de que David, con una sonrisa en el rostro cerrara la puerta del apartamento...

2 comentarios:

  1. Dios. Tengo David escrito en toda mi cara. Me describiste a la perfeccion con David.

    Una muy bonita historia y me gusto mucho lo de "deja de correr..."

    Tienes que seguir escribiendo porque tengo que seguir leyendote.

    Saludos

    Teo.

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  2. =) Gracias otra vez...

    Y sip, para que nos alcancen es necesario dejar de correr...

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