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marzo 02, 2010

Lo que no digo en Twitter

La nueva vista de mi oficina. Se ve a lo lejos el Mandril, perdón, el Sambil y mas allá el CCT.


Días extraños, y no precisamente para bien. Esta mañana tomé el metro como todos los días. Aunque ya debería haber perdido mi capacidad de asombro, aun no me acostumbro a los niveles de marginalidad imperantes en la población venezolana. Como bien lo dijeron por ahí, cada pueblo tiene el gobierno que se merece, y este pueblo se merece lo que tiene: el peor. Pero en fin, no quiero caer en la misma conclusión.

Llego al trabajo, delante de mi hay un carajo tipo tukky (o Thugs como le dicen los gringos) haciendo la cola para entrar al ascensor. No es feo y no tiene mal cuerpo, claro lo jode la vestimenta y el corte de cabello. Tiene un trasero de antología, se le marca completico en el Jean (que curiosamente no era color Guayaba como es su uso y costumbre). No sé por qué pero me inspiró tremendo morbo, imagino que es el morbo común de tener sexo con un tipo peligroso.

La mañana pasó con normalidad. Bueno, si puede llamarse normalidad a los problemas por los que estoy pasando. No quiero ni recordarlos. No me quiero dejar abatir por los problemas, pero es que a veces me levanto sin ganas de luchar. Entonces me invade la desazón, la desesperanza y hasta la tristeza. Cuento minuto a minuto el momento de salir a almorzar, no porque tenga hambre (de hecho no tengo, la gripe me dejó sin apetito), sino porque no aguanto estar en la oficina con este ambiente y esta incertidumbre.

Lo único bueno del cambio de oficina, es que en la que me pusieron veo directamente la puerta por donde entra y sale todo mundo, por lo que veo varias veces al día a todos los chicos lindos de la oficina. Si no fuera por eso, ya me hubiesen encontrado ahorcado en mi oficina. Hay un flaco que tiene una cara perfecta y unos ojos de lo más bonitos y una sonrisa que deja al sol pendejo.

Salgo a almorzar, voy lo más despacito que puedo. No quiero que se acabe la hora de almuerzo, pero como eso es imposible, voy a disfrutarla lo más que pueda antes de regresar a mi infiernito. Está haciendo mucho calor en Caracas. No recuerdo cuando fue la última vez que sentí un calor tan bravo en esta ciudad. El viento parece el aire que sale de los secadores de cabello, muy caliente y seco. Pero prefiero esto a estar en la oficina.

Caminando por la plaza Altamira mis ojos ven algo que mi mente no lo puede creer. Vienen caminando dos chamos abrazados, algunas de las personas que estaban en los banquitos cercanos los observaban. De repente uno de los chamos suas, besa al otro como lo harían cualquier pareja de novios heteros. Me hicieron esbozar una enorme sonrisa. La cara de asombro de las personas en los banquitos era un poema. Dios, cuanto valor. Me dio una mezcla de alegría, envida de la sana y añoranza. Fue la cosa más bonita y tierna que he visto en muuucho tiempo. Esos dos chamos le quitaron el olor a mierda a mi mundo por un brevísimo instante.

Es curioso, pero el otro día casi pillo a dos chamos haciendo lo mismo. Estaban esperando el metrobus y estaban conversando los dos muy cerquita. De repente uno se le acercó al otro tanto que sus labios casi se rosaron. Pero se percataron de que yo los estaba viendo y se alejaron. Estuve a punto de decirle: ¡bésense soquetes! ¡No pierdan tiempo ni le paren bola a la gente. Igual hablaran de ustedes! Pero al final seguí mi camino sintiéndome mal por haber interferido en el momento mágico que estaban viviendo.

Estuve sonriendo durante todo el almuerzo. El mesonero que me atendió pensaría que yo era un loco. A propósito, ese mesonero es un flaco muy lindo. Diantes, ¿Por qué los flacos serán tan sexys?

Salgo del restaurante y mis pies me llevan al trabajo pero mi mente vuela. Observo que sentado en un muro hay un tipo con la mirada perdida. Como que no soy el único ser humano con problemas. No es algo que me reconforte, pero a veces no nos damos cuenta de las personas que están a nuestro alrededor, y que igual que nosotros pasan por momentos difíciles.

La nuca de un chico me saca de mis pensamientos. Tiene un tatuaje negro, una g minúscula con dos cachitos y una aureola . No se donde habré visto antes ese dibujo, pero le luce jodidamente sexy. Parece un anuncio luminoso gigante que dice: “bésame justo aquí”.

Volví al trabajo, el que se ha convertido en mi infiernito personal, así que voy a obviar esta parte.

Llegó la hora de salida! No sé por qué me viene a la cabeza esa estrofa de la canción “Blanco y Negro” que dice “y cuando ya nos dormimos, con gran dolor descubrimos, soñar no es cosa de tontos, ocho horas más perdimos…” Ocho hora perdidas, cada día. Si trabajamos unos 40 años, serían poco menos de 15.914 días, en total unas 127.312 horas perdidas. ¿Cuánto no se podría vivir en 127.312 horas? Lástima que el mundo no nos deja mucho chance. Como dicen por ahí: “la esclavitud nunca se abolió, solo se redujo a 8 horas diárias.

Me dirijo hacia el ascensor. Está la musculoca del otro día. Me van a perdonar la ordinariez que voy a escribir a continuación, pero la musculoca tiene TREMENDO MACHETE. Y si no tiene tremendo machete se debe guardar el infame bolsito del almuerzo dentro del pantalón. El o la que sea cogido por ese individuo mínimo queda paralítico/a. La bragueta del pantalón parecía que le iba a estallar en cualquier momento. Quizás es que el pantalón era demasiado chico, pero francamente lucia hasta inmoral, jejejejejeje.

Salí de ahí hacia el metro. Una completa ignominia. Estuve 1 hora y 30 minutos esperando en el andén un metro en el que me pudiera medio montar. Hoy fue el día de notar cosas mountruosas. A mi lado había una mujer, algo robusta y de piel morena. Llevaba unas sandalias las cuales eran sobrepasadas un par de veces por sus enormes pies. De verdad me dieron asco. El dedo gordo era tan grande y grueso como el pene de un burro excitado. Bastante desagradable.

Gracias a Dios que fue una de las últimas cosas desagradables que vi en el día, y gracias a Dios que pude llegar a mi casa con bien, mas abollado que pocillo de loco, pero con bien.

2 comentarios:

  1. Que comico lo del machete! jajajajaja Saludos!

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  2. Jejejejejeje, pero es que es impresionante. Lo que se le marcaba en el pantalón no era normal. Darle sexo oral a ese tipo debe ser como tratar de chuparse el obelisco de la plaza altamira!

    Becho

    ResponderEliminar

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