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(Des)estereotipando - Alejandro Magno

Estatua de Alejandro | Museo Arqueológico de Estambul

Este es el primero de una serie de post (eso espero) que buscan mostrar un "estereotipo" de homosexual que no es el que la sociedad actual tiene. No todos los homosexuales son como Ru-Paul, ni como "la mariquita que nos corta el cabello" o la que sale en la novela de las 9. No todos los homosexuales tenemos rasgos afeminados, ni a todos nos gusta la moda, las luces de discotecas ni tampoco trasvestirnos. No todos los homosexuales somos "víboras venenosas de cejas arqueadas".

Quiero dejar un mensaje, y ese mensaje es que podemos ser como nosotros queramos, y no como el estereotipo social quiere estigmatizarnos. Podemos llegar a ser lo que nos propongamos sin importar nuestra preferencia sexual. Nuestra preferencia sexual es solo un aspecto más de nuestra vida, mas no nos define como seres humanos.

En el mundo hay homosexuales distintos, con distintas actitudes y gustos. Los homosexuales somos tan diversos como los heterosexuales. Hay homosexuales ejerciendo todo tipo de profesiones, desde las mas sencillas hasta las que demandan mayores responsabilidades, como podría ser dirigir un país o quizás hasta ganar una guerra. 

En la historia de la humanidad ha habido centenares de personajes importantes que han sido homosexuales. Personajes que han contribuido a la construcción de un valioso legado a la humanidad. Algunos desde la filosofía, el arte, el ámbito militar, la música y hasta la religión. He querido empezar, con el que quizás es el homosexual más influyente en la historia de la humanidad. Quizás el genio militar más importante de todos los tiempos y el más exitoso estratega militar. Y en mi opinión, el más valiente de todos los guerreros.

Alejandro Magno.


Alejandro nació 15 de abril de 324 antes de Cristo en Pella, Macedonia, era hijo de Filipo y Olimpia. Se le asoció con el asesinato de su padre y con su madre mantuvo una relación amor/odio muy intensa. Siempre le reprochaba que “le cobraba un alto alquiler por nueve meses de alojamiento”.

Con 18 años ganó su primera batalla importante, a los 20 ya era rey y con 23 años derrotó al Gran Rey de Persia, Darío III, y creó un imperio que iba desde Tracia (la actual Albania) hasta la India, con cuyo rey Poros mantuvo una intensa relación en todos los sentidos.

Alejandro siempre fue un hombre especial. El Oráculo de Siwa le reconoció como hijo de Amón Zeus, dios en la tierra, y como tal fue venerado. Y lo cierto es que lo parecía, era hermoso, aunque no de gran estatura, ni en lo más intenso del combate sudaba y nunca olía mal, apenas comía y bebía poco, y parecía completamente inmune a las heridas de armas, de hecho murió de malaria.

Nunca le gustaron las mujeres, se casó con dos, pero por motivos políticos, conseguir un heredero para su inmenso imperio. La primera vez con Roxana, una princesa sogdiana, y la segunda con Estateira, la hija de su enemigo Darío III, a la vez que casaba a su gran amor Hefestión con la hermana de ésta.

Conoció a Hefestión, hijo de un príncipe macedonio, en la academia que Aristóteles creó cerca de Pella por orden del rey Filipo. Ambos tenían quince años, y parece ser que, según relata Plutarco, el flechazo fue instantáneo. Fue su único y gran amor, su Patroclo (el que fuera amante de Aquiles), su camarada, amigo, confidente, le siguió en el destierro y hasta los últimos desiertos de Mesopotamia.

Hefestión era alto, guapo, rubio, fuerte, un gran estratega, irresistible para las mujeres, pero solo consintió casarse cuando Alejandro se lo ordenó. Quería que los hijos de su amado fueran sobrinos suyos para hacer aún más fuertes los lazos que les unían.

Según Plutarco, cuando Alejandro llegó al sitio de la antigua Troya, dejó un tributo en la tumba de Aquiles, y Hefestion dejó otro en la de Patroclo, como símbolo de su relación, ya que en la antigüedad se suponía que éstos habían sido amantes (leer La Ilíada

La relación entre ambos fue tan intensa que Alejandro le consideraba como si fuera él mismo. De hecho cuando la reina madre de Persia se rindió en Issos confundió a Hefestión con Alejandro y se arrodilló ante él en acto de sumisión. Alejandro no solo no se molestó, sino que le dijo:” no te preocupes, él también es Alejandro

La muerte de Hefestión en Ecbatana fue una tragedia para Alejandro, mandó cubrir de negro las siete murallas de oro de la ciudad, la residencia de verano de los reyes persas, le dedicó juegos funerarios nunca vistos y erigió en su honor una ciudad, que permaneció habitada hasta el siglo VI.

Apenas un año después el propio Alejandro murió en Babilonia sin haberse recuperado nunca de la perdida de su amado. Tenía 32 años.

Alejandro fue la luz que explota con fuerza y se disuelve con rapidez. El dios Iskander que las tribus afganas del interior aún veneran hoy en día, el guerrero invencible, conquistó mundos y sometió imperios, pero su mayor orgullo fue el ser amado fielmente por Hefestión como “Aquiles por Patroclo”.

“Bello, sabio, audaz, intrépido, afortunado y glorioso. Destinado a morir joven y a que el mundo hable de él para siempre”, Así describía Quinto Arrio, uno de sus numerosos biógrafos, a Alejandro Magno, el hombre que en sus 32 años de vida más cambió la faz de la tierra, difundió la lengua y la cultura griega por todo Oriente y aún hoy sigue siendo adorado como dios por miles de personas en todo el mundo, y admirado por los colectivos gays, no sin razón. Nunca un homosexual llegó más alto.

Vía: Isla Ternura


Historia completa de Alejandro Magno (Clic aquí)



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Trilogía "Alexandros" de Manfredi Valerio Massimo (Clic aquí)

Trilogía "Alejandro" de Mary Renault (Clic aquí)

4 comentarios:

  1. sigue subiendo, me encanto este informe, espero leer mas de estos
    te felicito

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  2. Probando comentario 2

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