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(Des)estereotipando - Greg Louganis y Matthew Mitcham, Dos ángeles clavados en el agua


El deporte olímpico del salto de trampolín ha dado a la historia algunos nombres que compartieron la gloria del pódium y también el deseo por los de su mismo sexo. Greg Louganis, considerado como el mejor saltador de todos los tiempos, ha sido uno de los pocos deportistas de élite que ha confesado públicamente su homosexualidad. Hacerlo le trajo problemas de patrocinio, que le impidieron proseguir con holgura su carrera. La homofobia deportiva no tolera entre sus filas a quienes expresan sus preferencias, cuando éstas nadan a contracorriente de la mayoría. Por fortuna, Louganis ha sido y sigue siendo un luchador. Sus numerosas victorias olímpicas culminaron con su mejor salto al vacío de la vida, confesándose gay. Tras sus pasos, el joven ‘clavadista’ australiano Matthew Mitcham, medalla de oro en los pasados Juegos de Pekín, también ha padecido a su manera el estigma de su reciente outing, aunque el encanto de su sonrisa brilla más radiante que nunca. Parece mentira que en pleno siglo XXI aún se cuestione la posibilidad de que deporte y homosexualidad vayan unidos de la mano de forma natural.


El Joven Greg

Las cabriolas que daba el pequeño Gregory Efthimios Louganis cuando practicaba la danza, le llevaron años después a saltar por vez primera desde lo alto de un trampolín. A sus nueve añitos aquello supuso una experiencia maravillosa para Greg. Así que decidió seguir ejercitándose en el difícil arte del salto olímpico, hasta llegar a convertirse en el atleta más importante en la historia de esta disciplina.

Greg Louganis había nacido en El Cajón, una pequeña localidad cerca de San Diego (California), el 29 de enero del año 1960. En realidad, su progenitor era samoano y su madre sueca, pero creció con sus padres adoptivos, que eran de ascendencia griega y le dieron sus apellidos. La infancia de Greg, como la de tantos otros niños con sentimientos confusos, fue difícil. Su dislexia, de la que no llegó a ser consciente hasta entrar en la Universidad, le acarreó problemas a la hora de progresar en sus estudios. Pero, por encima de todo, la autoconciencia de su homosexualidad fue el mayor obstáculo para el desarrollo de su personalidad. Greg se sentía distinto a los demás, sobre todo cuando se encontraba al lado de sus compañeros de vestuario.

Por si esto no fuera suficiente, su carácter introvertido le arrimó al lado oscuro de la vida. Con nueve años ya fumaba tabaco y a los once empezó a consumir alcohol y marihuana, lo que se interpreta como un intento de evadirse de la realidad circundante, que le oprimía en exceso, haciéndole sentirse confuso e infeliz. En paralelo, a la misma edad, comenzó su carrera deportiva, cuando el preparador O’Brien le vio en una prueba de salto en Florida y le pidió que se incorporara al Club de Natación de Misión Viejo, en California. Cinco años después, en las Olimpiadas de Montreal (1976), con sólo 16 primaveras, Greg ganó para los EE.UU. la medalla de oro en salto de palanca, quedando en la prueba de trampolín por detrás del triple campeón italiano Klaus Dibiasi. Dos años después se convirtió en campeón del mundo de esta modalidad, una proeza que repetiría en años sucesivos.


Salto a la Gloria

La fulgurante carrera de Louganis no había hecho más que comenzar, pero un pequeño obstáculo hizo que se viera forzado a frenar su victorioso palmarés. Como tantos otros deportistas norteamericanos, sufrió en carne propia el boicot de su país a los Juegos Olímpicos de Moscú en 1980, como protesta por la invasión soviética de Afganistán. Greg, que era favorito, tuvo que esperar a los Juegos de 1984, en Los Ángeles, para seguir cosechando victorias olímpicas. Consiguió en esta edición dos medallas de oro en trampolín y en palanca, siendo el primero en la historia que realizó esta doble proeza.

En los VIII Juegos Panamericanos, celebrados en 1979 en el estado asociado de Puerto Rico, venció a su legendario rival, el mejicano Carlos Girón. Cuando se retiró de su carrera como saltador profesional, tras los Juegos de Seúl (1988), su palmarés era espectacular: cuatro oros olímpicos y una medalla de plata, seis medallas de oro en los Juegos Panamericanos, cinco veces campeón del mundo, dos oros en las Olimpiadas Universitarias y 47 títulos nacionales en su país, los EE.UU. En 1988, la cadena ABC le nombró mejor atleta del año.


Salto Mortal

Su participación en la Olimpiada de Seúl ‘88, donde repitió el doble oro de Los Ángeles, le hizo vivir su momento más dramático como deportista. Para esta competición, su rival más directo era el saltador chino Lingade, quien le había superado en dos ocasiones anteriores. En uno de los saltos, Louganis se golpeó fuertemente en la cabeza, un accidente que recientemente le había costado la vida a un clavadista soviético. La sangre de Greg goteaba en la piscina, mientras él quedaba desmayado en el agua. Por fortuna, el campeón norteamericano se recuperó en unos minutos, saliendo ileso por sus propios medios. Media hora después, con un vendaje en la cabeza, Greg dio un casi perfecto medio mortal hacia atrás, que le proporcionó la codiciada medalla de oro. La peor herida la sufrió en su orgullo.



Seis meses antes de la inauguración de Seúl ’88, Greg se había hecho las pruebas del VIH, al enterarse de que su compañero sentimental estaba gravemente enfermo de sida. Por desgracia, la prueba dio positiva, algo que el saltador ocultó a todo el mundo, salvo a su entrenador. Podemos imaginarnos la angustia que Greg debió sentir cuando vio derramada su sangre en la piscina. Por si fuera poco, el médico que le había atendido no usaba guantes. “Quedé atónito y sólo me pasaba por la cabeza cuál era mi responsabilidad en todo aquello”, comentó años después en su autobiografía. Pero su proeza era casi imposible de creer: había ganado el doble oro mientras se medicaba con AZT.


El Gran Salto de su Vida

Aprovechando su enorme popularidad, en 1987 Greg Louganis había posado su hermoso cuerpo desnudo para la revista Playgirl. Fue el preámbulo de un outing que no se haría esperar, transcurridos cinco años desde su retirada del deporte olímpico. En 1994, el mismo año en el que confesó públicamente su homosexualidad, participó activamente en los Juegos Gays de Nueva York, apostando por la causa LGTB, algo que se convertiría en leitmotiv, el gran salto de su vida. Durante este tiempo se dedicará por completo al teatro y al cine, tras graduarse en Arte Dramático en el Instituto Irving de California, cosechando un éxito más que discreto en sus actuaciones, lo que, sin embargo, le ayudó a encauzar su pasión por las bambalinas.

En 1995 publica, junto con el escritor Eric Marcus, su autobiografía, a la que da el sugerente título de Breaking the surface (‘Rompiendo la superficie’). Entre otras cosas, Greg llega a revelar en ella los abusos que sufrió por parte de su novio. También revela ser seropositivo, lo que provocó una controversia al recordar el golpe de Seúl, a pesar de que no fue motivo de infección para los otros saltadores. Fruto de ello fue la pérdida de apoyo de todos los patrocinadores, a excepción de la prestigiosa marca Speedo, que nunca le dio la espalda.

Uno de los episodios más oscuros en la vida personal de Greg Louganis fue la tormentosa relación que mantuvo con uno de sus novios. Con él se fue a vivir pocos años antes de Seúl ’88, pero pronto nuestro atleta comenzó a sufrir el maltrato físico y psíquico de su pareja. Este individuo consiguió, además, que Greg le firmara un poder para manejar sus finanzas, aunque a la vuelta de las Olimpiadas ganó una batalla legal tras separarse de él. Fue quien también le transmitió el virus del VIH. La vida nos enseña que el éxito profesional no siempre va unido de la mano al sentimental.

En 1997 se proyecta un filme para televisión sobre su biografía, con el mismo título de sus memorias, Breaking the surface. La película fue dirigida por Steven H. Stern y protagonizada por el actor Mario López, el ‘cachas’ de la serie Salvados por la campana. En la actualidad, Greg Louganis se dedica casi por entero a la causa LGTB y al fomento del deporte entre las personas que comparten ese ideal. Por fortuna, ya es capaz de tener una vida normal, sin la dependencia de los medicamentos. Su lema es gozar de una vida sexual normal, pero segura.


El Joven Matthew

Como un alevín que siguiera los pasos del gran Louganis, el rubio saltador australiano Matthew Mitcham vio la luz en la ciudad de Brisbane, en Queensland, un 2 de marzo de 1988. La casualidad o el destino hicieron que su nacimiento sucediera precisamente el mismo año en que el norteamericano conseguía hacer doblete de oro olímpico en Seúl. En cierto modo, Mitcham parecía estar predestinado a conseguir años después un éxito similar, y ¡vaya si lo logró! Fue en la serie de salto de 10 m. desde palanca, en las Olimpiadas de Pekín de 2008, donde se alzó con el oro, obteniendo, además, la puntuación individual total de 537,95, tras seis rondas, la más alta de la historia del olimpismo en esa especialidad.

La polémica rodeó aquella escena en la que el trampolinista australiano se abrazaba a su novio y le besaba, tras conseguir su victoria olímpica. Eran otros tiempos y sería impensable imaginar a Greg Louganis haciendo algo parecido. Fue un gesto espontáneo que sólo un puñado de influyentes homófobos, relacionados con el mundo de la prensa, intentaron ocultar a los ojos del mundo. La alegría de Mitcham no era gratuita. Había conseguido un reto sólo alcanzado por un compatriota suyo, Dick Eve, nada menos que en 1924, casi un siglo atrás. Su lucha contra el vértigo tanto en el deporte como en su vida personal había dado el fruto deseado. Matthew Mitcham se había convertido en un héroe a los ojos de sus compatriotas, de los aficionados al olimpismo y, lo que es más importante, de los hombres y mujeres gayfriendly de todo el mundo.


Chico de Oro

Sin embargo, aunque los tiempos cambian, la lucha por la visibilidad en el deporte sigue siendo ardua y compleja para la mayoría de los atletas gays. Como dato, hay que pensar que de los más de once mil deportistas que participaron en los últimos Juegos de Pekín 2008, representando a 204 países, tan sólo once se confesaban abiertamente homosexuales. De ellos, diez eran mujeres y tan sólo un varón. Su nombre era, precisamente, Matthew Mitcham.

Mitcham, que entrena en la actualidad en la ciudad de Sydney, ha tenido una brillantísima carrera deportiva. Desde que, siendo gimnasta de trampolín, fue descubierto por el entrenador del Australian Institute of Sport Diving Program (Programa de Saltos del Instituto Australiano del Deporte), Mitcham ha participado en numerosas competiciones de alto nivel, con un rendimiento cada vez mayor, que culminaron con el oro de las últimas Olimpiadas de Pekín ‘2008. Ya en 1999 y 2001 representó a Australia en el Campeonato del Mundo Junior de salto, donde se hizo con el primer premio en ‘doble mini-trampolín’. Después, entre 2002 y 2004 fue indiscutible campeón nacional junior en salto, ganando todas las competiciones a las que se había presentado, destacando igualmente en otros eventos a nivel internacional.

Fue en 2005 cuando ganó su primer título nacional senior. A partir de entonces, consiguió demostrar con su esfuerzo y tesón que lo suyo no había sido hasta entonces un juego de niños. En 2006 participó en los Juegos de la Commonwealth, quedando cuarto en 3 m. sincronizado y quinto en 1 m. y 10 m. También ese año le vimos saltar en el Gran Premio de Alemania y en el Gran Premio de los EE.UU., donde obtuvo buenos resultados. Tras un breve paréntesis, en lo que a competiciones se refiere, le vimos resurgir entrenando en el Institudo del Deporte de Nueva Gales del Sur. Y comienza su año más importante, 2008, con el triunfo indiscutible en los nacionales de Australia y el Gran premio de salto, en Florida, preámbulo a las Olimpiadas de Pekín.


Coherencia y Coraje

Matthew Mitcham no es sólo un ejemplo de coraje y superación en el deporte. También lo es en su vida personal. Siendo consciente de la problemática que supone reconocerse gay antes los demás para un deportista de élite, hay que tener una valentía excepcional para ‘salir del armario’ unos meses antes de afrontar uno de los retos más importantes de su carrera: sus primeras Olimpiadas, en Pekín 2008. Fue en una entrevista concedida al Sydney Morning Herald. Pero su gesta fue más allá. Su novio, Lachlan Fletcher, le acompañó como espectador de excepción, gracias a una beca concedida por la firma Johnson & Johnson’s en apoyo de las familias de los atletas. Su salida del armario le puso en el ojo del huracán de los medios de comunicación pro-gays. Así, Matthew no tuvo inconveniente en posar para la portada de la revista gay The Advocate en unas magníficas fotos en speedo que dieron la vuelta al mundo.

“Me quedé muy sorprendido de ser el único chico gay fuera del armario en los Juegos Olímpicos. Es un poco triste porque estadísticamente debería haber muchos más, pero esto es algo privado. No voy a presionar a nadie para que salga del armario, porque se trata de una opción personal, pero estoy orgulloso estar ahí, de ser ese con el que mucha gente se puede identificar”.

Con estas palabras Mitchan, tras su victoria en Pekín, mostraba su perplejidad al conocer que era el único participante varón que se reconocía homosexual.

Sin embargo, hay que decir que su outing le trajo algún que otro problema. Tras la publicación de la entrevista en el diario australiano, los espónsores se negaban a patrocinarle para las Olimpiadas, como hacían con los otros deportistas participantes. Este hecho era advertido por el propio Mitcham en el diario británico The Telegraph. A pesar de ello, nunca se arrepintió de haber sido coherente, sintiéndose orgulloso de ser un ejemplo para otros chicos como él. Por suerte, consiguió por fin el patrocinio de la firma de telefonía australiana Telstra.


El Beso Prohibido

Frente al éxito que siguió a su salida del armario y al logro de la medalla de oro, algunos medios seguían empeñados en censurar son su homofobia latente algunas imágenes del saltador que pudieran resultar ‘inconvenientes’. Es lo que ocurrió cuando, tras recibir la codiciada medalla en Pekín y escuchar emocionado el himno australiano, Matthew saltó a las gradas para abrazar a las dos personas que más quería: su madre y su novio. El beso que dio a su amado Lachlan fue censurado por la cadena de televisión NBC, que, en cambio, prodigaba escenas de abrazos y arrumacos entre los demás participantes masculinos y sus novias. Aunque los responsables de la cadena achacaron este hecho a una “casualidad”, nadie se lo creyó. En televisión pocas cosas se dejan al albur de las casualidades.

Hoy Matthew Mitcham, con su imperturbable sonrisa de siempre, sigue adelante luchando en el deporte y en la vida. Lejos de arrepentirse de su decisión, se ha convertido en un abanderado de lujo para la causa LGBT. Como ejemplo de este compromiso con la igualdad y la visibilidad, Mitcham no ha tenido inconveniente en encabezar el multitudinario desfile del Orgullo Gay de Sidney en el año 2009, el famoso Mardi Grass australiano, y ha contribuido a publicitar con su imagen las últimas ediciones de los Gay Games. Además, su país le nombró Embajador de la Salud, inmortalizándole con el premio al mejor deportista y editando un sello de correos con su efigie de campeón olímpico.

Matthew Mitcham sigue cosechando éxitos deportivos a día de hoy. Su sonrisa es más abierta que nunca…

Fuente Homocrónicas

Greg Louganis

Matthew Mitcham


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