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julio 01, 2013

SÓLO PORQUE RESPIRA: APRENDIENDO A AMAR VERDADERAMENTE A NUESTRO HIJO GAY

En la noche del 21 de Noviembre de 2001, una conversación sostenida a través de mensajería instantánea cambió nuestras vidas para siempre. Nuestro hijo de 12 años me escribió a mi oficina desde la computadora en su cuarto.

Ryan dice: ¿Puedo decirte algo?

Mamá dice: Sí. Estoy escuchando

Ryan dice: Bueno, no sé exactamente cómo decirlo pero, bueno... no puedo seguir mintiéndote acerca de mi. He estado ocultando esto por demasiado tiempo y debo decírtelo ahora. Ya debes tener una idea de lo que estoy a punto de decir.

Ryan dice: Soy gay.

Ryan dice: No puedo creer que te lo acabo de decir.

Mamá dice: ¿Estás bromeando?

Ryan dice: no

Ryan dice: Creí que entendería debido al tío Don

Mamá dice: Por supuesto que sí

Mamá dice: pero ¿Qué te hace pensar que lo eres?

Ryan dice: Sé que soy

Ryan dice: No me gusta Hannah

Ryan dice: Es sólo una fachada

Mamá dice: Pero eso no te hace gay

Ryan dice: lo sé

Ryan dice: Pero no lo entiendes

Ryan dice. Soy gay

Mamá dice: Cuéntame más

Ryan dice: Es la forma en que soy y es algo que sé

Ryan dice: Tú no eres lesbiana y lo sabes. Es lo mismo

Mamá dice: ¿A qué te refieres?

Ryan dice: Solamente soy gay

Ryan dice: Soy eso

Mamá dice: Te amo no importa qué

Ryan dice: Soy blanco, no negro

Ryan dice: lo sé

Ryan dice: Soy un chico, no una chica

Ryan dice: Me atraen los chicos, no las chicas.

Ryan dice: Tú sabes esas cosas acerca de ti mismo, y yo sé esto.

mamá dice: ¿Y qué acerca de lo que Dios piensa acerca de actuar por esos deseos?

Ryan dice: Lo sé

Mamá dice: Gracias por decirme

Ryan dice: y estoy muy confundido acerca de eso en este momento

Mamá dice: Te amo más por ser honesto

Ryan dice: Lo sé

Ryan dice: gracias

Estabamos completamente impactados. No que no conociéramos y quisiéramos a personas gay; mi único  hermano nos lo reveló varios años atrás, y lo adoramos. Pero ¿Ryan? Él no tenía miedo de nada, duro como un clavo y todo niño. No vimos esto venir, y la emoción que nos abrumó nos mantuvo despiertos de noche y, lamentablemente, influenció. Todas nuestras reacciones durante los próximos seis años fue miedo.

Dijimos todas las cosas que pensábamos debían decir todos los padres amorosos que creían en la Biblia, la palabra de Dios:

Te amamos. Siempre te amaremos. Y esto es duro. Realmente duro. pero sabemos los que Dios dice al respecto, así que vas a tener que tomar decisiones muy difíciles.

Te amamos. No podríamos amarte más. Pero hay otros hombres que han enfrentado esta misma lucha, y Dios ha trabajado en ellos para cambiar sus deseos. Te conseguiremos sus libros; puedes escuchar sus testimonios. Y le confiaremos esto a Dios.

Te amamos. Estamos tan felices de que seas nuestro hijo. Pero eres joven, y tu orientación sexual aún se está desarrollando. Los sentimientos que has tenido por otros muchachos no te hacen gay. Así que, por favor, no le digas a nadie que eres gay. Aún no sabes quién eres. Tu identidad no es que eres gay; es que eres un hijo de Dios.

Te amamos. Nada cambiara eso. Pero si vas a seguir a Jesús, la pureza es tu única opción. Tendrás que escoger seguir a Jesús, sin importar qué. Y ya que sabes lo que dice la Biblia, y ya que quieres seguir a Dios, aceptar tu sexualidad no es una opción.

Creímos entender la magnitud del sacrificio que nosotros (y Dios) estábamos pidiendo. Y este sacrificio, sabíamos, conduciría a una vida abundante, paz perfecta y recompensas eternas. Ryan siempre se había sentido intensamente atraído por las cosas espirituales: Deseaba complacer a Dios sobre todas las cosas. Así que, durante los primeros seis años, él trató de escoger a Jesús. Como muchos otros antes de él, le rogó a Dios que lo ayudara a sentirse atraído por las chicas. Memorizó pasajes bíblicos, se reunía con su pastor juvenil semanalmente, participaba con entusiasmo en todos los eventos del grupo juvenil de la iglesia y en los estudios bíblicos, y fue bautizado.  Leyó todos los libros que decían saber de dónde venían sus sentimientos gay, se sumergió en el asesoramiento para descubrir aún más el por qué de su atracción no deseada a otros chicos, trabajó mi esposo y conmigo en dolorosas resoluciones de conflictos y construyó fuertes amistades con otros muchachos (muchachos heterosexuales) justamente como los expertos en terapia reparativa aconsejaban. Incluso se lo reveló a todo su grupo juvenil, dando testimonio de cómo Dios lo había rescatado de las trampas del enemigo, y compartiendo, de memoria, verso tras verso que Dios había atraído a Ryan a él.

Pero nada cambió. Dios no respondió sus oraciones, ni las nuestras, aunque creíamos con fe que el Dios del Universo, el Dios para quien nada es imposible, podría fácilmente hacer a Ryan heterosexual. Pero no lo hizo.

Aunque nuestros corazones quizás hayan sido buenos (realmente pensamos que lo que estábamos haciendo era amoroso), no le dimos a Ryan una oportunidad de luchar con Dios, de decidir lo que él creía Dios le estaba diciendo a través de pasajes bíblicos acerca de su sexualidad. Creímos firmemente en darle a cada uno de nuestros cuatro hijos el espacio para cuestionar el cristianismo, de decidir por ellos mismos si querían seguir a Jesús, de verdaderamente reconocer su propia religión. Pero estábamos demasiado asustados de darle a Ryan ese espacio cuando se trató de su sexualidad, por miedo a que tomara las decisiones incorrectas.

Básicamente, le dijimos a nuestro hijo que tenía que escoger entre Jesús y su sexualidad. Lo forzamos a tomar a una decisión entre Dios y ser una persona sexual. Escoger a Dios, prácticamente  significaba vivir eternamente condenado a estar solo. Nunca tendría la oportunidad de enamorarse, tener su primer beso, tomarse de las manos, compartir intimidad y compañía o experimentar el romance.

Y entonces, justo antes de su cumpleaños número 18, Ryan, deprimido, suicida, desilusionado y convencido que nunca sería amado por Dios, tomó una nueva decisión. Decidió desechar su biblia y su fe al mismo tiempo y trató de buscar lo que desesperadamente quería (paz) de otra manera. Y la primera manera que decidió probar fue drogas.

Sin querer le habíamos enseñado a Ryan a odiar su sexualidad. Y como la sexualidad no puede ser separada del ser, le habíamos enseñado a Ryan a odiarse a sí mismo. Así que a medida que comenzó a usar drogas, lo hizo con una imprudencia y falta de precaución por su propia seguridad que fue alarmante para todo aquel que lo conoció.

De pronto nuestro miedo de Ryan teniendo un novio algún día (una posibilidad que honestamente me aterraba) pareció trivial en contraste con nuestro miedo a su muerte, especialmente con su reciente rechazo al cristianismo y su creciente enojo contra Dios.

Ryan comenzó con marihuana y cerveza, pero en seis meses estaba consumiendo cocaína, crack y heroína. Fue adicto desde el comienzo, y su odio hacia sí mismo e ira hacia Dios solamente nutrió su adicción. Poco después, perdimos contacto con él. Por el siguiente año y medio, no supimos dónde estaba o si estaba vivo o muerto. Y durante ese horrible periodo, Dios tuvo nuestra total atención. Dejamos de rezar para que Ryan fuese heterosexual. Comenzamos a rezar para que supiera que Dios lo amaba. Dejamos de rezar para que nunca tuviese un novio. Comenzamos a rezar para que algún día quizás pudiésemos conocer a su novio. Hasta dejamos de rezar para que viniera a casa con nosotros; sólo queríamos que fuese a casa con Dios.

Para cuando nuestro hijo nos llamó, luego de 18 meses de silencio, Dios habria cambiado completamente nuestra perspectiva. Porque Ryan había hecho cosas realmente terribles mientras consumía drogas, lo primero que me preguntó fue esto:

¿Crees que podrás perdonarme? (Le dije que por supuesto, ya estaba perdonado. Siempre había estado perdonado.)

¿Crees que podrás amarme de nuevo? (Le dije que nunca dejamos de amarlo, ni por un segundo. Lo amamos entonces más de lo que lo habíamos amado.)

¿Crees que podrás amarme con un novio? (Llorando, le dije que podría amarlo con 15 novios. Sólo lo queríamos de vuelta en nuestras vidas. Sólo queríamos tener nuevamente una relación con él...y con su novio.)

Y un nuevo viaje comenzó, uno de curación, restauración, comunicación abierta y armonía. Mucha armonía. Y Dios estuvo presente en cada paso del camino, liderando y guiándonos, gentilmente recordándonos que simplemente amaramos a nuestro hijo y dejáramos el resto a Él.

Durante los siguientes 10 meses, aprendimos a verdaderamente amar a nuestro hijo. Punto. Sin peros. Sin condiciones. Sólo porque respiraba. Aprendimos a amar a quien nuestro hijo amara. Y fue fácil. De lo que estaba tan asustada se convirtió en una bendición. El viaje no fue sin equivocaciones, pero teníamos gracia para nosotros, y el lenguaje de disculpa y perdón se convirtió en parte natural de nuestra relación. A medida que nuestro hijo perseguía la recuperación de la adicción al alcohol y las drogas, nosotros lo seguimos a él. Dios nos enseñó cómo amarlo, a regocijarnos con él, a estar orgullosos del hombre en que se estaba convirtiendo. Estábamos sanando, y lo más importante, Ryan comenzó a pensar que si nosotros podíamos perdonarlo y amarlo, entonces quizás Dios podría también.

Y entonces Ryan cometió el clásico error del adicto en recuperación: Siguió frecuentando a sus viejos amigos, sus amigos adictos. Y una noche que debía ser simplemente una noche en el cine se convirtió en la primera vez que se inyectó en 10 meses (y la última). Ryan murió el 16 de Julio de 2009. Y nosotros perdimos la habilidad de amar a nuestro hijo gay, porque ya no teníamos un hijo gay. Lo que habíamos deseado, por lo que habíamos orado, esperado (no tener un hijo gay) se convirtió en realidad. Pero en la manera que habíamos imaginado.

Ahora, cuando pienso en el miedo que gobernaba mis reacciones durante los primeros seis años luego de que Ryan nos contara que era gay, me encojo mientras me doy cuenta lo ilusa que fui. Tenía miedo de las cosas incorrectas. Y me entristezco, no sólo por mi hijo mayor, a quien extrañare cada día por el resto de mi vida, pero por los errores que cometí. Me entristezco por lo que pudo haber sido de haber caminado con fe y no por miedo. Ahora, cada vez que Rob y yo estamos con nuestros amigos gay en una velada, pienso en lo mucho que me gustaría estar visitando con Ryan y su pareja para la cena. Pero en cambio, visitamos la tumba de Ryan. Celebramos aniversarios: Los cumpleaños que pudieron haber sido y el inolvidable dái de su muerte. Usamos naranja, su color. Acaparamos memorias: fotos, ropa que usó, notas escritas a mano, lista de cosas que amaba, muestras de sus pasiones, recuerdos de las canciones graciosas que inventaba, su Curioso George y manta de béisbol  realmente cualquier cosa, que nos recuerde de nuestro hermoso muchacho, ya que eso es todo lo que nos queda, y no habrán nuevos recuerdos. Nos regocijamos en nuestros hijos adultos, y en nuestra creciente familia a medida que se casan, pero sufrimos por uno de nuestra “pandilla de cuatro” que ya no está. Marcamos la vida por los días A.C. (Antes del Coma) y D.M. (Después de la Muerte), porque somos diferentes personas ahora; nuestra vida fue cambiada irrevocablemente en un millón de maneras por su muerte. Apreciamos la amistad con otros que “lo entienden” porque ellos, también, han perdido a un hijo.

Lloramos. Buscamos el cielo por la gracia, misericordia y redención a medida que tratamos no de estar mejor sino de ser mejores. Y rezamos para que, de alguna manera, Dios pueda usar nuestra historia de alguna manera para ayudar a otros padres a aprender a amar a sus hijos. Sólo porque respiran.




Just because he breathes... from theCollaborate on Vimeo.



Agradecimientos a mi amigo Teo por la traducción.

No voy a agregar nada. Si eres padre o madre y leíste el artículo, estoy seguro que entendiste el mensaje.

A [email protected] [email protected] gays, solo puerdo decirles que Dios nos ama tanto, como a cualquier otro ser de su creación. No olviden eso.

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